Para que la memoria no se olvide

Apuntes para una historiografia sobre MFS

Autor: 
Edgar Restrepo
Publicado en: 
Martes, Abril 21, 2015 - 4:37pm
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Marco Fidel

Este artículo es un recuento parcial sobre visiones históricas que han predominado en la forma de investigar, enfocar y escribir la historia de MFS.  No es un escrito exhaustivo de la bibliografía histórica porque esta lejos de la pretensión de abarcar toda la producción.  Tomaremos varias obras representativas y demostraremos sus aciertos, alcances y limitaciones historiográficas.  Esto permitirá que en el futuro se realicen aportes más científicos a la investigación histórica del personaje y su obra.

 

PRODUCIENDO HISTORIA.

 

Fue Marco Fidel Suárez un escritor de ensayos biográficos, varios de ellos publicados en el Repertorio Histórico de la Academia Antioqueña de Historia. A ésta Academia, Suárez perteneció como miembro correspondiente a partir del 9 de noviembre de 1904, a igual que pertenecía en la Academia Colombiana de la Lengua Española desde 1881 y a la Academia Colombiana de Historia en 1902.

 

Suárez perteneció al grupo de los “Gramáticos”: Miguel Antonio Caro, José Manuel Marroquín y José María Vergara y Vergara, fundadores de la Academia, que según Caro: “Es un simulacro de Academia, una lucecita que espera mejores días, mantenida por la amistad que agrupa a unos pocos” [1]

 

La visión histórica de Suarez es apologista, sus análisis se centran especialmente en las cualidades y virtudes de los personajes. Sus escritos son una aproximación y balance psicológico a las figuras, que él consideró más destacadas de la historia de Colombia: Juan del Corral, Rafael Núñez, Francisco Antonio Zea, Cristóbal Colón, José Eusebio y Miguel Antonio Caro, Sergio Arboleda, Carlos Holguín y Rufino José Cuervo, entre otros. Como puede apreciarse realizó también perfiles de algunos contemporáneos suyos.

 

Esta visión permanece aún entre los escritores de la academia y es resaltada en la obra histórica de Suárez: “Trazó perfiles, destacó virtudes…los rasgos que ha de examinar la historia, bosqueja la fisonomía moral, delinea los caracteres[2].  Para los historiadores de la “Nueva Historia”, como Jorge Orlando Melo, ésta manera de escribir biografías, tanto de Suárez como de los académicos, respondía a su interés por cumplir con la función formadora de la historia con la promoción de valores morales y comportamientos cívicos entre la población. Estas biografías históricas se realizaban desde “una perspectiva metodológica relativamente ingenua y basada en la visión de que la realidad histórica existe independientemente del historiador, que la encuentra y narra con base en el testimonio del documento…”[3]

 

Así como Suárez dejó escritos históricos, tuvo conciencia de dejar diferentes testimonios y fuentes históricas para indagar por su vida y su tiempo. Esas fuentes pueden seguirse especialmente en la bibliografía recopilada por Jorge Ortega Torres y publicada por el Instituto Caro y Cuervo[4].

 

Esto texto es interesante porque reúne toda la producción literaria, histórica, política y periodística de Suárez, además de lo que se ha producido en libros, revistas y folletos en general. Esta recopilación es una fuente indispensable, sea para realizar un estudio erudito sobre su obra o como información para reconstruir en contexto la evolución de su vida. Como lo señala, su autor: “El presente trabajo, por su pobreza, no debe ser considerado como un homenaje a la memoria de Don Marco Fidel Suárez, servirá únicamente para que futuros investigadores encuentren sin mayor esfuerzo documentación para su estudio…”

 

Desde que comenzó su vida de Seminarista, Suárez produjo sus primeros escritos en diferentes materias, especialmente en filosofía. A lo largo de su vida, con seudónimos o iniciales, producirá artículos de periodismo, discursos, documentos de política internacional, poemas, cartas personales u oficiales, ensayos biográficos, textos de gramática. Hasta produjo a conciencia y en un estilo inusual, sus propias memorias: “Los Sueños de Luciano Pulgar”[5].  Digo inusual porque el estilo, la modalidad y el protagonismo encubierto de su autor, las hace casi únicas, en la forma de hacer memorias personales en el siglo XX. Por eso, todo estudio histórico que se quiera hacer de Suárez, debe tenerlas en cuenta, teniendo claro esta su contexto social y político.

 

LA HISTORIA ACADEMICA

La historiografía tradicional o académica ha producido diferentes escritos sobre la historia de Colombia, caracterizada especialmente por su narración histórica. Su auge en la primera mitad del siglo XX, fue un “trabajo centrado en la historia militar y política, con énfasis en los períodos del descubrimiento, conquista e independencia, dominado por la concepción moralista y de educación cívica de la historia, que llevaba a privilegiar  las biografías de figuras con rasgos heroicos o ejemplares[6].

 

En este sentido, los trabajos realizados sobre la vida de Suárez encajan perfectamente en ese modelo historiográfico, en esa concepción de la historia. Las biografías que se escribían, resaltaban las cualidades  morales y cívicas del personaje, sirviendo de prototipo del gobernante ideal.

 

En una de las primeras publicaciones sobre Suárez “De Sima a Cima”, se nota el significado de la historia biográfica. El autor, Juan Manuel Saldarriaga comenta en el prólogo: “salido de la más humilde esfera social de nuestro pueblo, logró por su propio esfuerzo, tenacidad y perseverancia, escalar las más altas  cumbres de la literatura, de la política y de la patria”. Y trae el significado educativo para las nuevas generaciones a través de una anécdota de su propia vida: “Aprendan, hombres-nos decía nuestro Profesor de literatura y retórica. Muchachos que salen de Antioquia a pie, con el morral a la espalda y regresan de Presidentes de la República”[7].

 

A las exaltaciones del personaje, siguieron las consideraciones excepcionales y las atribuciones “míticas” que hicieron carrera en años posteriores y que aún se recitan como verdaderas: un escolar avanzado, que aprendía por la ventana de la escuela; un joven de talento literario descollante que llega a la Presidencia. La historia académica tradicional de tendencia conservadora se regodea en Suárez, encuentra en él, una experiencia excepcional y la explota para sus fines de “dominación ideológica”, como dirían posteriormente los revisionistas marxistas de la nueva historia.

 

En algunos anuarios publicados con motivo de la celebración del centenario y en su homenaje, se encuentra esa idea de modelo moral.  El director de la Biblioteca Nacional Daniel Valois Arce, recopilo y público varias conferencias. En una de ellas, Suárez es denominado “un presidente humildísimo”, un “modelo de gobernante Católico”, “símbolo de la democracia cristiana”, un “hombre de carácter”[8]. Igualmente, en el clima académico de mitad del siglo XX, se quiere demostrar las características del hombre “excepcional” que fue Suárez; en especial su característica de ser  un “hombre de carácter”.  En dos tesis de grado, de la Pontificia Universidad Javeriana, publicadas en 1949 y 1967, se subraya esta cualidad. En una se afirma que Suárez fue un “verdadero ejemplo de carácter“,  y en la otra, “la actualidad de su personalidad”, respectivamente[9].  

 

La figura de Suárez no solo sirvió como instrumento para resaltar sus virtudes cívicas o morales, sino sus rasgos religiosos. Fue y sigue siendo el personaje central para la Iglesia Católica. No es casual que en la conmemoración del centenario, en abril de 1955, asistieran varios cardenales e importantes personalidades del Conservatismo. Así se puede apreciar en los momentos finales de la película de Enoc Roldán, “El hijo de la Choza”, (1959). Incluso el film tuvo bastante éxito en el Departamento de Antioquia, gracias  a la historia moral que se deseaba resaltar. Los sacerdotes, como cuenta el mismo Enoc, hacían publicidad en los pulpitos, lo que aseguraba su éxito en taquilla, por encima del boom de las películas mexicanas de moda.

 

Los manuales escolares desde principios del siglo XX, como la Historia de Colombia de José María Henao y Gerardo Arrubla, cumplían con la función formadora de la historia, expresando valores morales y comportamientos cívicos entre la población. El texto de Henao y Arrubla, muestra en forma corta la elección de Suárez y su obra de gobierno, anotando de paso que su renuncia se debió a la necesidad de que se aprobara el tratado Urrutia-Thompson en el Congreso Nacional. Este tema en la historia de Suárez, fue uno de los más controvertidos y dio para muchas especulaciones posteriores y literatura errónea. Claro que esas tergiversaciones de la historia, tienen explicación principalmente en la influencia del conservatismo laureanista en los medios periodísticos, académicos y literarios, en los próximos años.

 

Porque la historia académica frente a Suárez estuvo marcada por la división de opiniones políticas, más que verdades objetivamente históricas. Unos, los liberales,  lo atacaban en prensa y difundían la debilidad de su gobierno ante las presiones norteamericanas; otros, los conservadores, lo defendían, publicando sus memorias o visión de los hechos, apoyados en las memorias del propio Suárez (los Sueños de Luciano Pulgar), o resaltando su figura como ejemplo de virtud cívica y progreso moral. En ambas corrientes se debatió y aun se debaten, las diferentes biografías, semblanzas, recuentos, homenajes o balances de época.

 

Para una muestra de cómo las opiniones políticas marcaron la visión histórica, esta un texto de Luís Cano, uno de los principales dirigentes antioqueños liberales y  contemporáneo a Suárez. Titulado simplemente “El Señor Suárez” (abril de 1927), Cano escribía primero un reconocimiento al afirmar que fue “el más grande de los escritores colombianos del último siglo y una de las figuras más altas de la literatura española en todos los tiempos”; para luego decir: “Fuimos adversarios conscientes y desapasionados del señor Suárez. Procuramos y celebramos su caída con inquietud patriótica y con sinceridad republicana, y creemos hoy, lo mismo que hace seis años, que su gobierno fue un paréntesis de vergüenza en la vida de la republica”.

 

El balance histórico de Suárez para los intelectuales y académicos liberales, estuvo marcado por su visión política de su administración y el convencimiento de que fue mejor literato que gobernante. Un fragmento de Don Luís cano es reveladora al respecto, porque afirmaba que ese “arte de escribir”, estaba cargado de un significado y una forma de ver las cosas y la historia: “Recluido en su biblioteca como un cenobita, el señor Suárez pasó los últimos años de su vida acendrando la miel de sus Sueños, delirios geniales de una fantasía atormentada y rencorosa. Allí dejo lo mejor y lo peor de su espíritu, su elación mística y sus rencores inextinguibles, su erudición asombrosa y su implacable mordacidad[10]

 

Para la nueva corriente historiográfica, los “historiadores” académicos no tienen una formación académica y siguen un empirismo ingenuo. Según esta corriente, ésta práctica histórica estaba “guiada por curiosidades frívolas usualmente motivadas por el origen familiar o por el interés de promover valores sociales entre los lectores”. Como una muestra, están  los trabajos realizados por la nieta de MFS, Teresa Morales de Gómez publicada en la Gran Enciclopedia de Colombia, en 1966. Ella se ha convertido en un miembro de la Academia Colombiana de Historia y ha escrito otros textos como “Historia de un despojo: El tratado Urrutia-Thompson, Panamá y el petróleo”[11]. Aunque sus trabajos están motivados por su origen familiar, superan el anecdotario, la descripción narrativa o el escrito apologético común y están centrados en nuevas problemáticas históricas. En parte motivadas por las nuevas corrientes historiográficas.

 

Las primeras biografías.

El primer trabajo sobre Suárez fue escrito por Juan Manuel Saldarriaga Betancur en 1950, llamado de “De Sima a Cima o MFS ante la conciencia colombiana”[12]. Fue publicado por el Departamento de Antioquia en su biblioteca de autores antioqueños. Este texto no es una biografía, sino una recopilación general de estudios, artículos y ensayos sobre Suárez, además de alusiones al hogar  y muerte del mismo. No hay ningún comentario crítico del autor sobre las opiniones realizadas allí y sólo se limita a trascribirlas literalmente. Tampoco hay un esfuerzo por a cercarse a la vida de Suárez con una investigación de archivo, periódicos, u otras fuentes.

 

Esta carencia de rigorismo histórico con Suárez,  cambiara para 1955, en el momento de la celebración del centenario de su nacimiento. Dos trabajos biográficos salieron a luz: el de Blair Gutiérrez, patrocinado por el Departamento de Antioquia y, el de Sánchez Camacho por el de Santander[13]. En ambos trabajos se realiza un esfuerzo por reunir todos los aspectos de la vida del personaje, utilizando un lenguaje narrativo, tipo novelesco, sobre todo en el de Sánchez Camacho. Este utiliza las memorias o Sueños, otros textos de personajes contemporáneos e intenta explicar en contexto el desarrollo de Suárez.

 

El trabajo de Blair Gutiérrez expresa la intención de demostrar que la vida de Suárez fue una “lección moral”, es decir, fue un ejemplo de valor moral y comportamiento cívico, característica básica de la historia académica que fue recurrente en los trabajos biográficos de Suárez. Blair mantiene esta línea cuando en su “exégesis”, escribe: “¿Cómo pudo un hombre levantarse desde la más humilde posición social y humana, y superando todas las etapas del ascenso, llegar a la máxima dignidad que la organización republicana concede a los mejores valores y a los más consagrados varones raciales?”.

 

Sin embargo y a pesar de la intención moral de Blair, éste divide el estudio biográfico de Suárez en algunos capítulos interesantes que establece por primera vez las facetas en que el personaje puede ser abordado: el escritor político, el prosista clásico, el ensayista y el filólogo. Además establece una importante diferencia al decir de uno de los principales estudiosos de Suárez “surge muy clara la figura de internacionalista de Suárez, poco destacada en la de Sánchez Camacho”[14].

 

Para los años siguientes no se publican más trabajos, como si con los mencionados hubiera bastado para dar cuenta de la vida u obra de Suárez; o si con ellas se llenaran todas las expectativas eruditas al respecto. Sólo hasta 1974 aparece un nuevo trabajo escrito por Fernando Galvis Salazar, para la Biblioteca de Historia Nacional[15]. Aunque sin superar a los anteriores en sus diferentes aspectos abordados y limitándose netamente al  plano biográfico de Suárez; este trabajo es representativo del impulso que en ese momento daba el director de la Biblioteca Nacional, Abel Cruz Santos a los trabajos históricos.

 

Por último, tenemos el trabajo de Heriberto Zapata Cuencar, quien profundiza y aclara detalles en la vida de Suárez, como su desempeño en el Seminario, con la utilización de nuevas fuentes[16]. Para ello, el autor consultó el archivo de la Diócesis de Medellín, inaccesible para la nueva historia, así como otros archivos parroquiales en Bello y San Pedro. Así mismo, consultó periódicos oficiales como la Gaceta Oficial o Registro Oficial de Antioquia, o no oficiales como “El Nacionalista”, “El Nuevo Tiempo”, o “El Colombiano”. Su trabajo aprovecha otros estudios como los Anales de la Cámara y el Senado y trabajos de historia como el de la Diócesis de Medellín, de Instrucción pública o la Historia de Colombia de Gustavo Arboleda.

 

El lenguaje de Zapata Cuencar es conciso en su escritura y ameno en el lenguaje. Es un caso típico de la mezcla de rigurosismo histórico del detalle y la fuente, característicos de la nueva historia,  con los elementos tradicionales de la historia académica. Su trabajo, a igual que el de Fernando Galvis, solo se dirige a establecer la vida de Suárez lo más completa posible, sin aportar a las facetas analíticas descritas por Blair Gutiérrez.

 

LA NUEVA HISTORIA

El Historiador Jorge Orlando Melo ha señalando como hacia 1941 se rompió el esquematismo académico, en su temática y metodología, con el trabajo de Luís Eduardo Nieto Arteta “Economía y Cultura en la Historia de Colombia. Nieto Arteta intentó aplicar una metodología de orientación marxista al estudio del pasado. Otros trabajos igualmente establecieron nuevos parámetros: Juan Friede, El indio en lucha por la tierra (1944), y Guillermo Hernández Rodríguez, Las sociedades Indígenas (1949).  Esta nueva historia, que tenía su epicentro en las universidades y nuevas revistas, especialmente a partir de 1960, reivindicaba “su carácter de conocimiento objetivo y verificable y su inscripción en el mundo de las ciencias sociales. Los nuevos historiadores seguían procedimientos rigurosos y metodologías sólidas”.

 

La influencia de las escuelas alemanas y francesas como el grupo de los Annales, en historiadores como Germán Colmenares y Jaime Jaramillo Uribe; y la creación en 1963 del Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, anunciaba una orientación contrapuesta a la historia político-administrativa tradicional.

 

Uno de los primeros trabajos que comenzó a reformular esa historia tradicional fue la Introducción a la Historia Económica de Colombia[17], de Álvaro Tirado Mejía. El libro se convirtió rápidamente en un “best seller”,  al transformar los contenidos de la enseñanza secundaria y universitaria, y lo más importante, al desplazar a los manuales tradicionales por un manual que ofrecía una visión radicalmente diferente del pasado colombiano. En este trabajo se hace un análisis crítico del período llamado “la hegemonía conservadora”, mostrando la presión norteamericana hacia los gobiernos conservadores, incluido el de Suárez, para obtener las concesiones petroleras y garantizar los empréstitos. Hace énfasis en la penetración del capital extranjero y su influencia en la modernización industrial y agrícola de Colombia.

 

Otro trabajo que esta por la misma línea de Tirado, pero específicamente sobre la dependencia económica y política, es el libro de Jorge Villegas “Petróleo, Oligarquía e Imperio”. En él, Villegas deja muy mal parado al gobierno de Suárez, pues lo señala como la expresión de una tendencia de la oligarquía de la época que ligaba sus propios intereses nacionales a los de las compañías norteamericanas[18]. Villegas analiza su política “Respice Polum” (mirar al norte, la estrella polar), para juzgar la posición pro yanqui de los hombres que como Suárez, veían lo primordial que Colombia, se situara en la esfera de influencia e inversión norteamericana.

 

El trabajo de Villegas se inscribe en la concepción marxista de la historia. Esta asumía posiciones políticas radicales o revolucionarias y compartían un diagnóstico político que consideraba profundamente injusta la sociedad colombiana y predicaba su transformación radical.

 

Dos trabajos de la “nueva historia” especialmente llaman la atención en la historiografía de Suárez. Uno es el de Jorge Orlando Melo “De Carlos E. Restrepo a Marco Fidel Suárez. Republicanismo y gobierno conservadores”, y el otro, de Germán Colmenares “Ospina y Abadía: la política en el decenio de los veinte”. Ambos trabajos fueron publicados en la enciclopedia Nueva Historia de Colombia por Editorial Planeta[19]. El texto de Jorge Orlando Melo, es muy puntual a la hora de establecer el carácter de la administración y de la personalidad de Suárez:

De un acendrado catolicismo, casi místico, tenía una visión del mundo hostil a los vientos modernistas del momento y rechazaba la idea del Estado como un organismo laico destinado a buscar el bienestar de la población y el progreso económico. Más bien, prefería asignar un sentido ético a la acción del gobierno, y ante los problemas sociales cada día más álgidos recomendaba como solución la caridad y no la intervención activa del gobierno. No obstante su origen humilde y una vida austera –a pesar de la cual nunca le alcanzaban los sueldos, ni siquiera de presidente- su mentalidad estaba de acuerdo con la de los grupos dirigentes más tradicionales y su trato de los asuntos sociales mostraba poca sensibilidad por los sectores populares”[20].

 

Melo reafirma la visión contemporánea de los nuevos historiadores sobre el período, las dificultades de la modernización del país en términos sociales, políticos y económicos. Es diciente la descripción de la personalidad de Suárez como un católico místico, un antimodernista sin vocación social, un representante ideológico del grupo dirigente.

 

Por el otro lado, Germán Colmenares en su capítulo señalado, analiza “la caída del presidente paria”, igualmente en términos de su personalidad y pensamiento:

Gramático eminente y humanista a la usanza de quienes habían recibido una educación para eclesiásticos, el señor Suárez poseía una piedad unciosa y un envidiable dominio de la lógica formal. Una humildad auto deprecatoria (él mismo se calificaba a sí mismo a cada paso de “paria”) combinada con la soberbia pertrechada en la virtud y una cierta malicia para fustigar vanidades sociales o intelectuales le atrajeron siempre los más furibundos ataques. La injuria parecía redoblar su cierto sentido popular por sus orígenes sociales, sus concepciones económicas y sociales poseían el realismo limitado de un país agrario y la severidad paternalista que debía preservar un estado de cosas inmutable.”

 

Colmenares nos trae un Suárez anclado y ajustado en la camisa de su personalidad, un presidente sui generis que a la postre determinó la forma como lo ha percibido la historia; o tal vez como el mismo Suárez quería ser visto: gramático, virtuoso, ascético, prudente, humilde.

 

Una de las vertientes de la nueva historia, la modernización del Estado, fue desarrollada por varios autores, los más representativos son los trabajos de Salomón Kalmanovitz, Economía y Nación,  el de Bernardo Tovar Zambrano “El Estado y los problemas del Desarrollo”, o el de Mauricio Archilla “los Conflictos sociales en los años 20”, combinan aspectos políticos y económicos, como interpretación histórica para dar cuenta del país en la primera mitad del siglo XX[21].

 

 El trabajo de Kalmanovitz destaca  la inserción del país al capitalismo mundial a través de la modernización del estado y la economía. El gobierno de Suárez personifica un “Estado gendarme y caduco”, decimonónico, ajeno y ausente de las nuevas corrientes modernistas, opuesto a la nueva racionalidad burguesa. Es el representante de un sector de “terratenientes feudales con expresiones ideológicas que conformaron un escuela de gramáticos “formalistas”, hombres como Marco Fidel Suárez, caracterizados por Darío Mesa como por “estar vueltos hacia el pasado”[22].

 

Bernardo Tovar Zambrano se centra sobre los avances y problemas de la modernización capitalista del país como los transportes, la moneda, la situación fiscal y la cuestión social. En este aspecto Tovar hace mayor énfasis y demuestra la incapacidad de las administraciones conservadoras para adaptar las legislaciones a las nuevas relaciones sociales y la incapacidad del Estado para regular los conflictos entre capital y trabajo. La presidencia de Suárez, estuvo afectada por igual por la problemática social. La protesta de los artesanos y su posterior represión violenta en su gobierno, demostraba la timidez de la intervención moderna del Estado en los nuevos retos y la caducidad de la vieja concepción de sociedad y de economía.

 

En este sentido, el texto de Mauricio Archilla nos revela el nuevo interés de la historia colombiana: los movimientos y conflictos sociales. La administración de Suárez, a igual que sus predecesores,  es vista como la expresión de un modelo de Estado y desarrollo “con un pie anclado en el pasado señorial y con el otro, pisando un impreciso terreno de la modernidad”.  Con una forma de gobernabilidad tradicional, al viejo estilo de la Regeneración, y con unos intereses de modernizar al país en sus sistemas de comunicación para insertarlo en la economía mundial. Vivió además una crisis fiscal producida por la caída de los precios internacionales del café, lo que propició un descontento general “que cubría desde maestros y telegrafistas hasta jueces y soldados”. Los movimientos sociales irrumpen en la escena nacional, trastocando las formas antiguas de hacer política y poniendo en aprietos la visión conservadora de Estado.

 

Finalmente debemos destacar el trabajo del historiador inglés, Malcolm Deas, quien se ha dedicado a estudiar la historia de Colombia de forma novedosa. En 1993 publicó un texto, donde recogía sus estudios históricos con uno nuevo: “Miguel Antonio Caro y amigos: Gramática y Poder en Colombia[23]. En su investigación resalta las características de un grupo de hombres, Miguel Antonio Caro, José Manuel Marroquín, Miguel Abadía Méndez y el mismo Suárez, que  se dedicaron al estudio de la Lengua Española porque “permitía la conexión con el pasado español, lo que definía la clase de república que estos humanistas querían”.

 

Deas destaca cómo estos hombres, que ejercieron el poder a partir de 1885, estaban unidos por su interés común por el buen cultivo del Idioma Español, es decir, de la Gramática. Eran miembros de la Academia Real de la lengua Española, y habían fundado, excepto Suárez, una similar en Colombia.  Su dominio del idioma, su pertenencia al partido conservador (“fundador de la república” en 1886), y su ejercicio del poder, constituyeron el núcleo de su desarrollo histórico. Suárez es visto como  protagonista de ese núcleo. Preocupado siempre por el buen uso  del idioma, escribió “Estudios Gramaticales” en 1885 o “El Castellano de mi tierra” en 1910. Ya Colmenares lo había señalado como un “Gramático eminente y humanista”. Álvaro Tirado Mejía lo define como un “político conservador ultramontano dedicado a la gramática[24]. Y efectivamente, como se ha señalado, Suárez fue y es conocido como mejor literato que gobernante.

 

Como hemos visto, los trabajos académicos sobre Suárez han tenido aciertos, alcances y limitaciones historiográficas; sólo  en parte superadas por la nueva historia con sus temáticas y metodologías. Ya Suárez sólo es un elemento más en la temática económica o política, en la historia de las mentalidades, de los movimientos sociales, de la mujer colombiana o vida cotidiana. La Figura del “Cervantes colombiano”, desde el género histórico de la biografía, ha perdido vigencia en los estudios históricos actuales. Sus aspectos relevantes tienen funcionalidad en estudios  de temáticas estructurales del Estado o del Desarrollo nacional. O sólo es relevante como pretexto en las conmemoraciones actuales del día del idioma o como símbolo de la identidad local.



[1]  Malcolm Deas “Del Poder y la Gramática y otros ensayos”.  Tercer Mundo Editores. Bogotá. 1993. página 32.

[2] Socorro Inés de Restrepo “Homenaje a Don Marco Fidel Suárez, al cumplirse el centenario de su ingreso a  la  Academia  Antioqueña de Historia”. Nov. 9-2004. En: Repertorio Histórico, enero-marzo 2004. Medellín, pág.43.

[3] Melo, Jorge Orlando “Medio siglo de historia colombiana: notas para un relato inicial”. En: Boletín Cultural y Bibliográfico. Banco de la  República.  Vol. XXXVI, No. 50-51, 1999.

[4] Bibliografía de Marco Fidel Suárez. 1956. Bogotá. Instituto Caro y Cuervo. Colección Filólogos Colombianos

[5] Fueron 173 Sueños y se publicaron por primera vez en el periódico “El Nuevo Tiempo”, de tendencia conservadora. El primer sueño se publicó el 16 de octubre de 1922 y el último, el 9 de marzo de 1927.

[6] Ibid. Melo, Jorge Orlando, p. 52

[7] Saldarriaga Betancur, Juan Manuel “De Sima a Cima”. Biblioteca de autores Antioqueños. Volumen III.1950.

[8]Marco Fidel Suárez. 1855-abril 23-1955. Homenaje de la Biblioteca Nacional.

[9] Jesús María Becerra F. Franky “Marco Fidel Suárez o el hombre de bien”. Tesis de grado. Bogotá. 1949. Raúl Gutiérrez Echeverri “Anotaciones al Pensamiento Internacional de MFS”. Tesis de grado para optar al título de doctor en Ciencias Jurídicas. Bogotá. 1967.

[10] Luís Cano “El Señor Suárez”. En: Saldarriaga Betancur, Juan Manuel Ibíd. Página 451.

[11] Editorial Planeta, 2003,  306 páginas. También en el Boletín de Historia y Antigüedades.  Vol. XC, No. 823.

[12] Existe otro texto del mismo autor sobre Suárez: “Biografía y anecdotario de Suárez”. Imprenta Departamental. Medellín. 1954.

[13] Bernardo Blair Gutiérrez “Don Marco Fidel Suárez: su vida y su obra”. Editorial Universidad de Antioquia. Ediciones Fondo del libro. Premio Biblioteca  Nacional de Colombia. 1955.

Jorge Sánchez Camacho “Marco Fidel Suárez”: Biografía. Imprenta del Departamento de Santander. Bucaramanga. 1955. Publicación de la Academia de Historia de Santander. Biblioteca de autores santandereanos. Vol. XXV

 

[14] Delimiro Moreno “Don Marco Fidel Suárez y su tiempo”. Documento inédito. Rionegro. 2004.

[15] Fernando Galvis Salazar  “Don Marco Fidel Suárez”. Editorial Kelly. Bogotá. 1974. Biblioteca de Historia Nacional. La obra posee un índice onomástico, analítico y geográfico.

[16] Heriberto Zapata Cuencar “Marco Fidel Suárez”. Medellín. Editorial Copymundo. 1981. Publicó en el Repertorio Histórico, de la Academia Antioqueña de Historia, una selección de cartas de MFS.

[17] Álvaro Tirado Mejía “Introducción a la Historia Económica de Colombia”. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1971.

[18] Jorge Villegas “Petróleo, Oligarquía e Imperio”. Bogotá, Ediciones E.S.E., 1969.

[19] Director Álvaro Tirado Mejía. “Nueva Historia de Colombia”. Editorial Planeta. 1989. Tomo I.

[20] Jorge Orlando Melo Ibíd. Tomo I, página 238.

[21] Los dos artículos se encuentran en: Historia de Colombia. Bogotá, Salvat Editores. 1987. Tomo VII.

[22] Salomón Kalmanovitz, Economía y Nación. Tercer Mundo Editores. 1988. página 266. La cita de Mesa “La vida política después de Panamá”, fue sacado de Manual de Historia de Colombia, Vol. III, Bogotá, Colcultura, 1980.

[23] Malcolm Deas “Del Poder y la Gramática y otros ensayos sobre historia, política y literatura colombianas”. Tercer Mundo Editores.1993.

[24] Coordinador Jorge Orlando Melo Colombia Hoy, perspectivas hacia el siglo XXI. Tercer Mundo Editores. Decimoquinta edición.1995. corregida y aumentada. Página 131.