Para que la memoria no se olvide

Reseña sobre el monumento a la choza de Marco Fidel Suárez.

Autor: 
Edgar Restrepo
Publicado en: 
Martes, Abril 21, 2015 - 4:25pm
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Plano choza

El rescate de la choza y la construcción del monumento en forma de urna, se debe a los miembros del Centro Cultural Marco Fidel Suárez, que tuvo entre sus objetivos culturales, impulsar el rescate de su antigua residencia, “la choza”, divulgar su obra y su importancia para la ciudad. Para la creación del Centro Cultural varios jóvenes se reunieron por primera vez en casa de Don Abel Álvarez (Cra. 49 No. 52-68), el 17 de abril de 1949, domicilio que aún se mantiene en pie como testimonio de una historia local olvidada y que se puede apreciar todavía, pues se conserva muy bien por sus actuales propietarios descendientes de don Abel.

Entre los nueve quijotes tenemos a: José Benjumea Agudelo, Rafael Castaño Franco, Miguel Ángel Días García, Abel Álvarez, Israel Escobar Agudelo, Alfonso Hernández, Delimiro Moreno Calderón y Hernando Velásquez Roldán. Eran un grupo de jóvenes, entre 17 y 19 años, del antiguo Liceo Manuel José Caicedo, quienes habían estado realizando tertulias sobre literatura, arte y cultural general[1]. Para unos, ese grupo se caracterizaba “por su espíritu irreverente y libertario, por la insumisión en sus posiciones, por ser rebeldes en lo político...eran jóvenes sin cálculos, que no pensaban en términos de rentabilidad. Lejos de ellos el arribismo, la adulación, el servilismo o la hipocresía. Su trabajo se destacó por su autonomía, espontaneidad y espíritu crítico[1].

Rescatar la choza

Al fundarse el Centro Cultural, uno de sus propósitos fue rescatar del olvido y abandono de la choza de Marco Fidel Suárez, porque su estado amenazaba ruina, estaba “sucia, con las paredes roídas, la techumbre con claros de gran dimensión”. Ninguna autoridad municipal o departamental se hacía cargo del lugar y por el contrario abundaban los peligros para la frágil edificación. En dos oportunidades, el Centro Cultural salvó de su desaparición la chocita : “la primera, de una creciente extraordinaria del arroyo “El Burro” que pasaba cerca y, al inundarla, amenazó con derribarla; y la segunda, cuando se incendió un depósito de combustibles que autoridades irresponsables habían colocado en el sótano del edificio contiguo, donde hoy funciona el liceo Francisco Antonio Zea, y cuyas llamas amenazaron seriamente el techo pajizo de la chocita y sus muros de bahareque”[2].

Para rescatar, preservar y poner en funcionamiento la choza como lugar de interés local; el Centro Cultural escribió el 10 de enero de 1950 al Alcalde, al concejo Municipal, y al Personero solicitándoles la autorización para tomar por su cuenta y responsabilidad la administración del lugar: “Ocurre, señores, que el Centro Cultural ha venido hondamente preocupado en relación con la Choza del insigne hijo de este pueblo, Marco Fidel Suárez, pues en los últimos días, numerosos turistas que han venido de apartadas regiones a conocer este santuario de nuestra Democracia, no han podido hacerlo, ya que no les ha sido posible conseguir la llave. Esto desdice mucho de nuestra cultura y de nuestro patriotismo, ya que en otros países, como México y los Estados Unidos, estos santuarios son objeto de gran veneración y custodia, tanto de parte del Gobierno como del pueblo”...[3]

El Concejo municipal viendo el interés decidido y cívico del Centro Cultural, autorizó al Personero, Jesús Espinal, para entregar la administración del inmueble, previo inventario de los objetos que estuvieran allí, a sus representantes, Rafael Castaño y Delimiro Moreno. Tal diligencia se realizó el 25 de enero de 1950, se registraron: tres pequeños cuadros religiosos, un retrato mediano de Suárez, una vitrina, dos libros de autógrafos, un taburete de hule y un armazón de taburete.

Al asumir el manejo del inmueble, los miembros del Centro Cultural adelantaron con dinamismo la recuperación de la chocita, llevando a cabo la vigilancia, el cuidado y la muestra del lugar a los turistas. Además cultivaron un pequeño jardín, blanquearon las paredes y llevaron con meticulosidad el libro de visitantes. Para realizar todo esto, pues el Centro “no poseía ni un solo centavo”, escribieron al Alcalde, al gobernador, al presidente; mejor dicho, como ellos mismos dicen: pidieron e intrigaron con el fin de obtener fondos. La alcaldía se hizo presente con trabajadores y el Concejo municipal con la aprobación de auxilios, tanto para la Biblioteca como para la preservación de la choza.

En 1951, un cambio político fortaleció aún más los propósitos del centro cultural. El gobierno del General Rojas Pinilla, había suspendido las actividades políticas del Concejo y de la Alcaldía, remplazándolas por un Concejo Administrativo, nombrado por él mismo[4]. El nuevo Concejo Administrativo confirmó por medio del Personero Municipal, la autorización para continuar la custodia del inmueble por parte del Centro Cultural.

Construcción del monumento.

La idea de su construcción nació un 7 de agosto de 1948, cuando se celebraba en el recinto del concejo municipal, los 25 años de la fundación de Fabricato, con asistencia de las principales autoridades políticas y el gerente de la empresa, Don Rudesindo Echavarría. Luego del acto oficial en el Concejo, los asistentes se trasladaron a la chocita, “animados de los más efusivos sentimientos de devota admiración hacia la figura del hijo de Doña Rosalía y (con el fin de) renovar los votos por el progreso de la población que se obtendrá por la unión de todos...don Rudesindo, en frases de emocionado patriotismo, prometió a nombre de la Empresa, cubrirla con una urna de cristal”[5].

Inmediatamente se redactó un acta especial, firmada por Rudesindo Echavarría y los concejales asistentes como Leonardo Velásquez O., Bernardo Vélez, José M. García, Nicanor Benjumea, entre otros. El hecho fue registrado en la prensa nacional, quien elogió el gesto de la empresa y comentarios sobre la esperanza de su realización. Sin embargo, habían pasado cuatro años desde aquella acta y el Centro Cultural y la población se preguntaban: ¿por qué no se ha cumplido la promesa? ¿Hubo oposición de criterios en cuanto a su realización?, ¿no existirá acaso la suficiente coordinación entre las autoridades y la empresa donante sobre este punto?. El periódico IDEAS, órgano de expresión del Centro señalaba que ante estos interrogantes, sólo había la certeza de que Fabricato que se había preocupado por apoyar y estimular la cultura y el progreso de Bello, no iba a parecer como “una empresa de poca seriedad y despreocupada totalmente de cuanto tienda a servir los intereses de la sociedad en que actúa”.

En efecto, la empresa no tardó en responder las inquietudes del Centro Cultural y de la comunidad en general y, en una extensa misiva de diciembre de 1952, detallaba las gestiones realizadas para levantar el monumento. La empresa argumentaba que la promesa no se había realizado porque el municipio no había procedido a abrir una avenida indispensable para la construcción del monumento.

La realización de la avenida representaba un alto costo para la administración local, pues debía comprar los inmuebles situados en el trazado del proyecto y comprar un terreno, al cual debía trasladar la escuela que quedaba al frente del Palacio Municipal; además del valor de las obras complementarias a su construcción. En una entrevista realizada por el Centro Cultural al alcalde municipal, Conrado Espinal, afirmaba que existía el mejor ambiente para realizar la avenida y encomendaba el trazo, la financiación y la ejecución a la oficina de Valorización: “ -¿no sería posible que el año entrante (1953) se tengan bastante adelantadas estas gestiones? - Seguramente así lo prometo, porque mi administración está empeñada en rendir homenaje de justicia a la figura esclarecida de Don Marco Fidel Suárez”[6].

La apertura de la avenida y su financiación llegaron de la mano del nuevo cambio político efectuado tras el golpe de estado del general Gustavo Rojas Pinilla, el 13 de junio de 1953. El general Rojas designó como gobernador del Departamento al coronel Pío Quinto Rengifo, quien con el secretario de Educación Samuel Barrientos Restrepo, apoyaron la apertura de la obra. La conmemoración del centenario de Suárez encontró ambiente favorable en el gobierno de Rojas, pues en el de Laureano Gómez, el conservatismo oficialista seguía mirando a Suárez como un presidente “paria” y símbolo de ese conservatismo antioqueño, opositor a sus ideas de Estado y Democracia. Por otro lado, el gobernador y su secretario fortalecían la posición política de Rojas a nivel local y regional, pues el proyecto pro-centenario tenía acogida en los medios políticos y en la población.

Adicionalmente a ésta visión política de la conmemoración, el secretario Samuel Barrientos tenía motivos personales, pues consideraba a Marco Fidel Suárez, pariente suyo; y en consecuencia, apoyó a la Junta Pro-centenario y al Centro Cultural; para realizar el concurso sobre la elaboración de la escultura de Suárez. La propuesta ganadora fue la del maestro Constantino Carvajal[7]. La estatua fue descubierta el 23 de abril de 1955, fecha en la cual se conmemoró el centenario del nacimiento de Suárez. El mismo día se inauguró el monumento, diseñado por el arquitecto Federico Blodek y donado por Fabricato.

Cuenta Rafael Castaño que al saber el gobernador, el coronel Pío Quinto Rengifo, que los propietarios de los inmuebles no negociaban sus predios para la apertura de la avenida; un día los reunió en el palacio municipal y les dijo: “Esto se hace con ustedes o contra ustedes”. Ante la presión, los propietarios cedieron; y al otro día, los buldózeres llegaron a tumbar los muros.

“la celebración del Centenario de Marco Fidel Suárez, la protección de su Choza con el Monumento y la construcción de la Biblioteca por el Banco de la República, objetivos del Centro durante cinco años, vieron así su culminación exitosa. El Centro vivió en esos días su apoteosis. Luego, varios años después, el Centro siguió funcionando, por lo menos hasta 1960 y acaso más…, pero la ausencia de algunos de sus miembros más activos, perdida la dirección de la Biblioteca ahora en manos de la Administración Municipal y sometida al vaivén burocrático de la política municipal, y la mística ya ausente, provocaron su decadencia, después de diez años de actividad. Su último acta público conocido fue la colocación de una placa de bronce en la casa donde naciera el jurista y diplomático Fernando Vélez Barrientos, el otro hijo ilustre de Bello, injustamente olvidado ahora, la cual se robaron los recicladores de ese metal para lograr unos cuantos centavos. Los archivos se extraviaron y sus integrantes se dispersaron hasta el punto de que no fue posible siquiera reunir sobrevivientes para celebrar en 1999, los 50 años de su fundación, dice con nostalgia, finalmente, Delimiro Moreno”[8].

 

El arquitecto del monumento.

El monumento expresa un ejemplo de la arquitectura moderna austríaca que se manifestó en Medellín a través de la obra de Federico Blodeck Fisher en numerosos proyectos de edificios de apartamentos y de oficinas en el centro de ciudad y de muchas casas de singular calidad en el diseño y en la construcción. Algunas fábricas, como Tejicondor, fueron construidas por su oficina firma Arquitectura y Construcciones, asi como Residencias Nutibara, el hotel Intercontinental y Suramericana de Seguros, y el edifico de Fabricato en la carrera Junín.

El arquitecto Federico Blodek Fischer nació en 1905 en la ciudad de Viena, en Austria. Obtuvo su diploma de ingeniero en 1932 y después terminó su maestría en arquitectura. Cumplidos cinco años de práctica, le dieron el título de Arquitecto Civil (Architeckt Z. V. Ing.). Trabajó tres años como asistente de obras del arquitecto Erwin Boc; tuvo la oportunidad de participar en proyectos en Viena, Estambul y Yugoslavia. Más tarde, en su propia oficina, incursionó en el diseño de interiores y de almacenes.

Durante la segunda guerra mundial, y por recomendación de Karl Brunner, su profesor de urbanismo, quien había vivido en Bogotá, se vino para Colombia. Llegó a Barranquilla en donde vivió durante siete años y trabajó con la firma cornelissen y salcedo S.A., en la cual se desempeño como ingeniero constructor y jefe de arquitectos. Casado con Anny Tuechler, vino a vivir en Medellín en 1945 como proyectista de Arquitectura y Construcciones, invitado por Tulio Ospina.

La contribución de Federico Blodeck no solamente es importante para la firma Arquitectura y Construcciones, en la que fuera líder de proyectos, sino que, con sus conocimientos, enriqueció conceptualmente la arquitectura que construyó la ciudad[9].

Descripción General

El monumento y la choza de Marco Fidel Suárez, esta localizado en el sector conocido como el Bulevar de la Cultura, a una cuadra y media del parque central Santander. Fue concebido como un conjunto armónico con el pequeño parque Andrés Bello, según el proyecto arquitecto de Federico Blodek.  El diseño implico la demolición de viviendas, la ampliación de vías, el origen de un edificio y la construcción del parque Andrés Bello llamado así por el busto donado por la municipalidad de caracas, Venezuela,  y en recordación del concurso de la Académica Colombiana de la Lengua, que Marco Fidel Suárez ganó y que lo catapultó a la fama de escritor y gramático en el panorama de la cultura nacional.

 

La avenida Suárez se trazo en diagonal uniendo el parque principal y el nuevo edificio se hizo contiguo al edificio del hospital, pero su fachada principal se dispuso como el remate de la nueva avenida.  El 23 de abril de 1955 se inauguro el monumento y a partir de este día se inició la conmemoración del día del idioma y del natalicio de Marco Fidel Suárez  en el municipio de Bello con las instituciones cívicas, religiosas y educativas del municipio. Con anterioridad se habían comenzado las diligencias del Centro Cultural Suárez para crear la biblioteca municipal y ya en 1953 se había iniciado su construcción en el costado occidental del parque Andrés Bello. 

 

Descripción del interior de la Choza

El lugar es una pequeña habitación, de cuatro metros de largo por dos y medio de ancho, encalada y de primitiva construcción, de cuyos muros cuelgan las imágenes de la Virgen y San José, del Niño Dios y de San Luis Gonzaga. (de donde sacan esto?)

“Suárez nació en cabaña una de tantas que se agrupaban en la aldehuela, obedientes al jacarandoso alcalde. Vi la   cesta colgada del zarzo, rugoso, cuyo vaivén cortó el lloro del mas autentico infante español. Gateo sobre la tierra del rancho, pisada, y como no había patio propio para el pilluelo corredor, retozó en plazas y vías, y desde chico supo lo que es el bien publico” (fuente?)

La sencilla vivienda donde nació y paso su infancia Marco Fidel Suárez, es conservada por su valor histórico como Monumento de la Nación. De la época de su construcción no hay datos precisos, pero se sabe por tradición oral que en ella nació y vivió sus primeros años y era la típica vivienda de las clases populares desde el siglo XIX hasta principios del siglo XX.

El 29 de agosto (año?) fue colocada una bomba en el interior de la Choza que destruyo parte de la edificación.  Se procedió a la restauración respetando los métodos constructivos y los materiales originales de la construcción en bahareque. Se reforzaron las paredes afectadas por la explosión y se reparo la cubierta con el mismo método de caña brava y paja. Las paredes de la habitación central mostraron desprendimientos en las capas de cal, dejando al descubierto un trabajo de pintura mural hasta entonces desconocido, técnica común del siglo XlX y de principios del siglo XX. Con el fin de devolver a la Choza sus características originales se realizaron trabajos de investigación, conservación y restauración propiamente dicho.

Se rasparon varias capas de cal con el propósito de establecer los diversos tipos de pintura que cubrieron los muros a lo largo del tiempo y como resultado se encontraron dos tipos de pintura decorativa correspondientes a periodos diferentes. En la habitación central se encontró la más antigua que corresponde al zócalo. Se pudo recuperar casi en su totalidad, consolidando las zonas que presentaban desprendimientos, resanando las faltantes y haciendo una reintegración cromática para darle continuidad al dibujo. La otra capa de pintura corresponde a una época mas reciente, estaba trabajada con elementos florales y franjas verticales. En las puertas y ventanas, se encontraron varias capas de pintura gris sobre una pintura verde que corresponde a la primera capa. La finalidad de la restauración fue rescatar la integridad y autenticidad de la choza, resaltando su arquitectura y decoración.

 

 



[1] Prólogo de Armando Estrada Villa al libro “La Patria Adolorida” de Abelardo Ospina López.



[1] Restrepo Gómez, Edgar Hernando  Historia del Centro Cultural Suárez. Folleto impreso. 2005

[2] Moreno, Delimiro  Pregón Bellanita, 23 de junio de 2001.

[3] Periódico IDEAS, Bello, septiembre 27 de 1952. No. 2 página 1.

[4] La Asamblea Nacional Constituyente, instalada por Laureano Gómez, y continuada por el General Rojas Pinilla, realizó el mencionado remplazó administrativo. Álvaro Tirado Mejía “Rojas Pinilla: del golpe de opinión al exilio”. Nueva Historia de Colombia, Tomo II, página 109.

[5] Periódico IDEAS, Ibíd.,  página 4.

[6]  IDEAS, No. 4, Bello, Diciembre 20 de 1952. página 1.

[7] Entrevista a Don Rafael Castaño, jueves 13 de enero de 2005.

[8] Entrevista a Delimiro Moreno, abril 2 de 2005.

[9]Vélez White, Mercedes Lucía Arquitectura Contemporánea en Medellín. Tomo 5, 2da. Edición. Federico Blodek: arquitectura y construcciones: obras y proyectos. Medellín, Editorial Colina, 1991